Extraido del blog: http://marcelclaude.blogspot.com
(Discurso de Clausura evento cultural cierre 1.800 horas por la educación)
Me preguntaba mientras venía hacia este encuentro, cuán feliz Violeta Parra estaría hoy aquí, en este acto cultural que cierra esta épica carrera por la educación pública, y cuánto no significa hoy su canto al decir:
Me gustan los estudiantes que corren sobre las ruinas; con las banderas en alto: 1800 horas para lograr el derecho, para restaurar y clamar por la justicia, la justicia hoy mercantilizada, escondida, la justicia acaparada.
En nuestro país, se requieren aproximadamente 1.800 millones de dólares anuales para otorgar el Derecho a la Educación Superior. Un derecho impúdicamente conculcado en esta tierra arrasada y devastada por la ambición desmedida, por el lucro depredador.
Ese lucro de los bancos que han ganado 500 millones de dólares y el de los consorcios empresariales que operan y obtienen multimillonarias ganancias con el trabajo mal pagado de tantas madres y de tantos padres que aspiran a una vida mejor para sus hijos.
Son aspiraciones llenas de nobleza, pero también repletas de frustración y amargura, de dolor y violencia, porque el lucro desmedido de la banca y las universidades-empresas ha llenado este suelo con mil represas de angustia y desesperación.
370 mil estudiantes endeudados en 1 billón 400 mil millones de pesos, 110 mil jóvenes en Dicom, 40% de estudiantes que NO terminan sus estudios, pero que, sin embargo, deberán enfrentar una deuda muchas veces impagable. El 60% de los estudiantes se endeuda para obtener una formación que no le servirá para ganarse la vida, pero que tampoco lo va a eximir de enfrentar cabalmente sus obligaciones con la banca.
Esa banca que registró un aumento en sus utilidades de más del 26% en el año 2010, totalizando ganancias por US$3.400 millones. Es decir, mucho más de lo que necesita la educación superior cada año. Esto, porque en Chile está bien que los bancos ganen mucho dinero, pero, es muy mal visto que los chilenos usemos nuestros impuestos para financiar la educación de nuestros hijos.
La pregunta es ¿porqué está bien que con nuestros impuestos se financien millonarios gastos militares, instrumentos de muerte, y no es bueno que se invierta en la educación de los jóvenes, que es vida, creación y bienestar?
En Chile se gasta 10 veces más en armas que en educación superior.
El lucro no es bueno para la vida, no es bueno para la justicia, no es bueno para crear mundos más solidarios construidos sobre el placer de la hermandad, sobre el gozo del compartir, sobre la belleza de vivir, bajo el signo del respeto entre los seres humanos y entre todos los seres vivos, y en armonía con la madre tierra.
El lucro se alimenta de muerte, los mares arrasados, los bosques depredados, las aguas contaminadas, son el espejo moribundo de la vida ante la supremacía de la obsesión por el oro. El lucro se nutre de la vida triste de los hombres, de la frustración y de la infelicidad que provocan la creciente injusticia. Esta desigualdad brutal que no para de crecer, como un cáncer y una maldición.
Ayer, cuando terminaba la dictadura criminal de Pinochet, el 5% más rico ganaba 140 veces más que el 5% más pobre. Más tarde, cuando terminaba la dictadura hipócrita del Fausto, Ricardo Lagos, el 5% más rico ganaba 220 veces más que el 5% más pobre. Y hoy, bajo la dictadura financiera y especulativa de Sebastián Piñera, los más ricos ganan 833 veces lo que ganan los más pobres.
Injusticia social que crece a pasos de gigante y que, esta mala educación que tenemos, solo contribuye a incrementar y profundizar. Tenemos que saber que estos no son solamente cálculos, son las cifras del sufrimiento, son los números de la frustración masiva de padres que no pueden educar a sus hijos.
Es también un país que sufre, porque la educación no es sólo un derecho individual, es también un derecho social, es la posibilidad de ser un pueblo ilustrado, informado, crítico. Es la oportunidad de construir un modo de habitar la tierra, en donde haya menos violencia, menos brutalidad, menos desamor.
Es un país que sufre pues sus nuevas generaciones no son educadas en la conciencia de sus derechos políticos y que son tan fundamentales –según la carta de Naciones Unidas- como el derecho a la integridad física, por lo tanto, impedir que los estudiantes se organicen, prohibirles que ejerzan su derecho a reunión, es tan grave como la tortura y en Chile, los derechos políticos están reprimidos y no sólo para los estudiantes, los trabajadores, los pescadores artesanales, los académicos, los profesores. En todo Chile los derechos políticos no son respetados.
Esto es muy preocupante, pues, como decía Bertolt Brecht:
El peor analfabeto es el analfabeto político
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del pan y de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.
No sabe que de su ignorancia política nace el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Ya no queremos más ignorancia política, no queremos más educación para obedecer y aceptar las injusticias. Queremos un pueblo conciente de sus derechos, porque éstos son los pueblos que no se dejan avasallar, que no se dejan abusar y no son víctimas de la explotación.
Queremos un pueblo que ya no acepte más el que las compañías mutinacionales que explotan y extraen nuestro cobre, se lleven miles de millones de dólares de Chile, dejando en nuestro país, tranques de relaves contaminados, aguas con arsénico, aire con plomo y azufre, mientras se llevan el oro, la plata, el molibdeno sin pagar nada y se llevan cobre de Chile sin dejar en nuestro país ni la sombra de lo que se llevan. Señores del Consejo Minero, ya no nos parece suficiente, el raspado de la olla que nos dejan.
Nos están usurpando el futuro, nos están enfermando la tierra, nos están arruinando la vida, nos están negando el derecho a ser un pueblo desarrollado, un pueblo feliz que mira con esperanza el futuro de sus hijos.
Se corrieron 1800 horas sin parar en torno a La Moneda; nada detuvo esta marcha, ni la lluvia, ni el frío, ni la noche, ni las bombas lacrimógenas; fueron más de 70 días; 4000 personas; 12.900 vueltas de la bandera; la suma de lo que todos corrieron llegó a 30 mil kilómetros, es decir, 8 veces el largo de Chile.
Todo un gesto de urbanidad, toda una muestra de la voluntad que mueve a la renovada conciencia política del país, de las porfiadas utopías que nunca abandonan el corazón de la humanidad y que de tanto en tanto desencadenan torrentes de rebeldía.
Toda una señal de que este pueblo está retomando las riendas de la historia. Tenemos el derecho a decir que desde ahora, tendrán que contar con el pueblo de Chile, YA NO PODRÁN DESHECERSE DE NOSOTROS, porque el mandato popular puede ser siempre recuperado por el verdadero propietario que es la soberanía popular y cuando los políticos no representan fiel ni genuinamente los intereses del pueblo, como lo hemos constatado hasta el hartazgo, hasta la nausea misma en nuestro país, una y otra vez durante esta larga noche de más de 35 años, entonces, nos asiste el derecho de sustituir a estos seudos representantes. Y hoy podemos decir, sin eufemismos, que también nos asiste la voluntad de hacerlo.
Lo que están simbolizando estas 1.800 horas por la educación superior, es el comienzo de un otro buen camino, es la marcha del mañana, son las huellas que millones deben seguir, los primeros pasos de un proceso político que cabalga hacia el cielo, es una marcha urgente y necesaria, que deberá restaurar en este nuestro suelo, inevitablemente y por largo tiempo, el reino de la justicia, de la libertad y de la fraternidad.
José Agustín Goytisolo, poeta de la República Española, desde el fondo de la historia nos urge y nos reclama: Esto que estamos haciendo, en Chile, no es una poesía gota a gota pensada, no es un bello producto ni es un fruto perfecto, es lo más necesario, lo que no tiene nombre, son gritos en el cielo y en tierra, en la tierra son actos.
Sube a nacer conmigo hermano. Nos volveremos a encontrar, en el surco claro y profundo de la nueva historia que vamos a escribir.
Muchas Gracias...
Marcel Claude